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miércoles, 23 de marzo de 2016

Me amó y se entregó por mí

Empezó la Semana Santa. Para muchos – tal vez para la mayoría – esto no es mucho más que sinónimo de tener unos días de descanso. También puede ser una buena excusa u oportunidad para darse un festín de pescados y mariscos pasado mañana (lo cual ciertamente no es el sentido del viernes santo). No obstante, para los cristianos estos días representan el centro de nuestra fe.

Sin embargo, la Semana Santa no quiere ser algo abstracto, algo ajeno a nuestra vida y que simplemente recordamos con devoción. No es solo un feriado más, sino que se trata de un acontecimiento que tiene consecuencias concretas en nuestra vida. No solo rememoramos, sino que actualizamos el misterio Cristo en la Cruz. Esto no es sólo algo que pasó allá lejos, en un pasado remoto, sino que también ocurre acá, en nuestra vida.

Me amó y se entregó por mí (Gal 2,20). Esto es lo que recordaremos este Viernes Santo. La realidad es compleja y tiene sus matices. En esta diversidad podemos encontrar a muchos que nos amaron y se entregaron por nosotros. No tiene que ser necesariamente una entrega hasta la muerte, pero si una muerte al propio yo.

Me explico. Se trata de mirar la cruz desde una nueva perspectiva, una más personal. No es la única, pero es nuestra perspectiva. Es una invitación a reconocer a todos aquellos que han renunciado a un poco de sí mismos por nosotros y lo hicieron tan solo por amor. Pueden ser nuestros padres, profesores o amigos. Pueden ser grandes cosas o pequeños actos cotidianos. Que en estos días podamos pasar por el corazón a todos aquellos que me amaron y se entregaron por mí 

Del mismo modo, en nosotros mismos cada vez que renunciamos a nuestros intereses por un por otro gratuitamente. Son momentos simples, pero profundos. Basta, por ejemplo, renunciar a nuestro tiempo libre para ayudar a un amigo, cambiar unos días de vacaciones por misiones o trabajos voluntarios o cualquier cosa nos permita entregarnos por otros con amor desinteresado. Son esos momentos en que amé y me entregué por otros. En momentos como estos se hace presente el misterio de amor de la cruz.

Finalmente, y esto es lo más importante, hay alguien que se entregó hasta la muerte por nosotros. Es Jesús, el hijo de María. Que todo lo anterior nos ayude a acercarnos al misterio de la cruz no solo como espectadores de un sacrificio ajeno, sino que al ver en nuestra vida a aquellos que se han entregado por nosotros podamos mirar la Cruz de Cristo y reconocer que él me amó y se entregó por mí (Gal 2,20).

domingo, 19 de abril de 2015

El Bosque de Karadima



Hace algunas semanas comenzaron a aparecer los primeros carteles y en unos días más – este jueves 23 de abril – se estrenará la película “El bosque de Karadima” (ver trailer). Lamentablemente está basado en hechos reales, lo cual a mí parecer supera ampliamente lo que han sido Penta, Caval o SQM para la política chilena.

Ciertamente, el caso Karadima de ninguna manera es justificable o defendible. Los abusos dentro o fuera de la Iglesia son y serán siempre algo repudiable y nefasto. Es por eso que el papa Francisco ha pedido perdón por el daño, no solo en general, sino que también en ocasiones particulares y apersonas concretas, como sucedió con cierto joven español.

Por mí parte, no pretendo por ahora comentar la cinta o el asunto en general. Quisiera simplemente compartir algunas miradas que pueden ayudar a abordar la película con mayor perspectiva y ofrecer cierto contexto que permita juzgar con más elementos lo expuesto en este largometraje. Al menos espero que al ir al cine el único pensamiento no sea “todos en la Iglesia son iguales”.

En primer lugar, creo que es necesario tener claro que el bosque de Karadima es, en cierto sentido, "tan solo" eso, un bosque dentro del mundo que es la Iglesia. El mismo papa Francisco, antes de asumir el pontificado, estaba con los pobres y marginados. Por eso sus palabras de salir al encuentro de los más necesitados, misericordiar, y buscar la paz y la justicia, no son solo un lindo discurso, sino que fruto de su vida y reflexión, son ante todo su manera de vivir el evangelio. Es así como no hay duda de que la imagen de Francisco contrasta radicalmente con Fernando, siendo ambos miembros de la misma Iglesia y contemporáneos.

Vamos un poco más allá. El papa actual no es el único que muestra una Iglesia diferente a la que presenta la película de Matías Lira. Son muchos, muchísimos, los casos de fidelidad al mensaje de su fundador. No hace falta mirar al pasado y nombrar a san Francisco de Asís o San Ignacio de Loyola. Tampoco es necesario volver al Chile de los años cuarenta y hablar del P. Hurtado. Podemos missão Belém (ver video), que se dedica a sacar a personas de la droga con el evangelio en la mano. O bien, algo similar que ocurre en la Legua, con la comunidad terapéuticaJoven Levántate, iniciativa que surgió al alero de la parroquia san Cayetano y animada por el mensaje de Cristo.

No es mi objetivo bajar el perfil, ni mucho menos defender lo indefendible. Aun así los hechos hablan por sí solos y, aunque sin tanta propaganda, ejemplos hay muchos de cómo la Iglesia sí es fiel al mensaje de Jesús. Hace un par de años, tuve la oportunidad de conocer de cerca el asilo Vila Itagiba, en Brasil (ver video). Allí mujeres alegres y valientes se dedicaban a cuidar ancianos, impulsadas a servir desinteresadamente a Cristo presente en el prójimo. Seguramente quien lea este artículo conoce ejemplos que podría agregar a una extensa lista de quienes sirven desde la Iglesia, la misma Iglesia de Fernando Karadima, a los más necesitados. 

Sin duda que el daño que puede hacer una personalidad enferma con poder es muchísimo. Sin embargo, y por más terrible que sea, hay también muchas personas dentro de la Iglesia que hacen el bien y no solo con los más pobres. Si bien, el mal cometido es terrible, reducir a la Iglesia tan solo su lado negativo me parece un error.


Reconozco que me duele la Iglesia. Me duele saber que sucedan estas atrocidades. Pero aun así creo que, a pesar de estas grandes heridas, Dios sigue actuando. Para mí, Dios está presente en la Iglesia, así como tristemente también lo está el mal. El mismo papa BenedictoXVI lo reconoció. Por eso esta película, que nos relata aquel que fácilmente puede ser el hecho más doloroso de la Iglesia chilena, nos pide a gritos que estos crímenes no vuelvan a ocurrir dentro ni fuera de la Iglesia. Sin embargo, no hay que olvidar que son muchos más los casos de personas que hacen el bien inspirados por Jesucristo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Verdad y División


A decir verdad, tenía pensado escribir algo acerca de la primavera que llega y que no llega. Sin embargo los últimos acontecimientos no me dejan indiferente. Los medios una vez más tergiversan los hechos y la noticia sobre Ezzati y la supuesta denuncia de los tres sacerdotes es manipulada. Las reacciones fueron diversas. Tardó un poco, pero la verdad salió a la luz y el arzobispado negó haber hecho tal denuncia.

Aun así, con o sin motivos, vino la tormenta. Pese a haber sido iniciada por una información falsa provoco daños significativos. Tristemente, los heridos no son solo los tres sacerdotes en cuestión o el arzobispo de Santiago, sino que la Iglesia, y por qué no, también la sociedad.

Pareciera ser que lo más fácil es tomar una postura como lo hizo Benito Baranda. Junto con ello surgen las más diversas opiniones y calificativos. En el ambiente se escucharon frases como “por fin Ezzati” o “yo soy de Berrios”. Sin embargo, estas posturas solo crean división, discordia. No se trata de olvidar la verdad, sino que buscarla con medios y formas adecuadas, con respeto y caridad.
Esto no es solo una problemática eclesial, refleja cómo hoy en día se buscan soluciones. No siempre hay una búsqueda sincera y desinteresada de la verdad, sino que se pretende imponer cuál es el mejor camino, al extremo que lo importante deja de ser el objeto buscado y lo principal pasa a ser quien lo dice.

Lamentablemente, es fácil olvidar que son estas divisiones las que traen grandes tragedias al mundo. La división hace mal, tanto así que muchas veces ésta persiste sin recordar cuál es su causa. Y de rupturas la historia tiene todo tipo de casos. Pasa en las mejores familias así como ha ocurrido en nuestro país y en el mundo entero.

Afortunadamente, la Iglesia no sabe solo de desaciertos y errores. Francisco dijo al iniciar el sínodo de la familia “que nadie diga: 'Esto no se puede decir; pensarán de mí así o así...'”. Se trata de buscar la verdad juntos. En este caso cómo vivir mejor una verdad que ya poseemos, el mensaje de Cristo. El intercambio cuando es con apertura es conveniente, pero cuando se comienza a descalificar y polarizar se vuelve estéril.

Me parece que la verdad no se impone ni se crea, sino que se busca, y cada tanto hace falta actualizarla, no acomodarla. No es que la verdad cambia, el hombre es el que cambia, por eso la verdad es siempre nueva. Y para esto el diálogo es fundamental. Esto no es nuevo, ya lo dijo Sócrates antes de Cristo, pero se nos olvida con facilidad.

No siempre es sencillo, pero donde hay diálogo y una búsqueda sincera de la verdad está Dios presente y queriendo hablarnos. Cuesta escucharlo, por eso cuando nos ponemos sordos la verdad quiere brillar y es posible enmendar el rumbo, como lo hizo el padre Mariano Puga