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viernes, 11 de septiembre de 2015

La paz que todos queremos


Sin duda que hoy, 11 de septiembre, es un día que nos recuerda el valor de la paz. No es solo ausencia de guerra o violencia, sino que requiere una cierta armonía con uno mismo y con el mundo. Es triste pensar que haya un día en que la violencia está, en cierto sentido, permitida o justificada para algunas personas.

Por otro lado, la paz no es solo un tema social. “Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor” [1]. Así Francisco nos cuestiona a un nivel personal y cotidiano respecto a nuestro estilo de vida. De este modo no se relaciona solo con aquello que ocurre en medio oriente o lo que quedó en el pasado.

El día de hoy no muestra que en nuestra historia la paz se ha visto interrumpida. La caída de las torres gemelas o el golpe militar en Chile son momentos críticos que muestran cuán valiosa es esta paz. La violencia sin duda una manifestación, pero no es la causa última ¿Dónde está la raíz?

Los hippies lo decían amor y paz. Los franciscanos usan el saludo paz y bien. En distintos momentos y culturas la paz es un bien preciado, posee un valor en sí misma. No hay duda que la paz trae consigo muchos beneficios, nos permite trabajar, crear, reír. Es un deseo humano arraigado en lo más íntimo del hombre. Incluso cuando se intenta justificar el uso de la fuerza – aunque no pretendo juzgar esta postura  – es en miras de tener un mundo más apacible.  

Uno de los ideales de la revolución francesa era la fraternidad. No es solo respeto o justicia, se trata de estar en armonía con el otro, lo cual exige reconocer su dignidad, su valor, sin ponerse por sobre los demás, sino que valorar la riqueza del prójimo, no por sus capacidades o méritos, ni tampoco por lo que posee o es capaz de producir, sino que simplemente porque es persona, al igual que uno. Si el otro no es valorado, la paz se ve amenazada. Se torna una paz utilitaria, la cual se solo mantiene en la medida que conviene a mis objetivos.

Así como Gandhi y Mandela buscaron. Jesús también lo hizo. Antes de partir al cielo le dijo a sus amigos: “La paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14, 27). En ocasiones en que la concordia escasea, cuando se ve amenazada, Cristo es fuente de paz y tranquilidad. Pero no solo eso, también en la paz encontramos a Dios que nos sale al encuentro. Él quiere un mundo pacífico, esa es la imagen del paraíso y un deseo del hombre. Todos los hombres – dice el papa – “estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y responda a su proyecto de paz, belleza y plenitud [2].”

Ponerse al servicio de otros es el camino que nos muestra Jesucristo. El ideal de armonía, de justicia, de fraternidad y de paz que propone Jesús está en las antípodas de semejante modelo [de dominación], y así lo expresaba con respecto a los poderes de su época: «Los poderosos de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. Que no sea así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande sea el servidor » (Mt 20,25-26) [3]".

Dios se manifiesta en la paz. Dios nos da su paz y nos convida a contribuir, no solo en Siria o Palestina, sino que también en nuestra vida diaria, con nuestros hermanos. Muchas veces es más fácil pelear, pero la invitación es a ser grande en servicio al hermano, según el ejemplo de quien se entregó por entero.




[1] Laudato si’ 225.
[2] Ibíd. 53.
[3] Ibíd. 82

viernes, 10 de abril de 2015

En la punta de los dedos

‘
¿Cómo se usa?’ Esta fue la pregunta que me hice hace algunos luego de instalar WhatsApp. Sin embargo, creo que la cuestión se hace más profunda frente a este fenómeno que se presenta en todos lados y al alcance, literalmente, de la mano. El asunto aumenta de proporciones cuando se añaden otros elementos como Facebook, Twitter o Instagram.

Hace algunas semanas leí una noticia que hablaba del impacto de las redes sociales en el rendimiento escolar. Sabemos que no solo influyen en lo académico. En los últimos años han tocado, o más bien invadido, todas las dimensiones de nuestra vida.   

Me parece que se hace urgente preguntarse cómo usar estas tecnologías. Basta ver a tanta gente que camina como zombi con el celular en la mano, a los hipnotizados del metro, o bien, a aquellos automovilistas que afirman con más fuerza el teléfono que el volante.

Quizás más de alguno se enteró que el año pasado tuvo su debut y despedida la serie Selfie. Se trataba de una adicta a las redes sociales y su compañero de trabajo que vivía al margen de ellas. En resumen, ella tenía una gran actividad ‘social-virtual’, pero una pobre ‘vida real’, lo cual la llevó al colapso. Para la protagonista, la realidad estaba tan fragmentada que ella se quebró al reconocer que aunque tenía miles de seguidores y fans, no tenía amigos de verdad. En cambio, para el coprotagonista, el mundo virtual era desconocido y por ello se perdía buena parte de lo que ocurría a su alrededor. Ciertamente ambos iban por mal camino. A medida que la serie avanzaba, estos personajes – caricaturas no tan lejanas a la realidad – lograban dar pasos importantes para sanarse y convertirse en personas que vivían efectivamente “en este mundo”.  

Nuevamente me cuestiono: ¿Cómo se usa? Claramente no me refiero a los aspectos técnicos, sino a cómo utilizarlo correctamente, a cómo hacer que sea una herramienta útil – en el sentido amplio del término – que nos haga más humanos y no se torne un problema implícito de nuestra existencia. No hay duda que todos esto avances traen consigo grandes beneficios. El problema está cuando este progreso se nos escapa de las manos y nos volvemos esclavos de nuestras propias conquistas.

Me parece que lo central no es cuánto lo usamos, sino que lo importante es el cómo y la libertad que tenemos frente a ellos. No hay duda que es desagradable tener en frente a personas que en vez de compartir ven solo lo que ocurre en la punta de sus dedos. No hay que ser un agudo observador para reconocer que algo anda mal en aquellos que les cuesta alejarse de su celular o que se estresan sobremanera cuando no hay señal sin que haya una razón legítima para preocuparse.

Hace poco más de un mes, yo estaba en misa y, en un momento en que toda la Iglesia estaba en silencio, sonó mi celular y todo el mundo se dio cuenta. El padre reaccionó y dijo algo así como “parece que Dios está llamando”. Así es como el teléfono me traicionó. Sin embargo, creo que es cierto. Dios no solo llama, sino que también twittea, sube fotos y, por qué no, “whatsapea”.

Dios quiere entrar en todas las realidades. Hay gente que busca compartir cosas buenas a través de los medios y no simplemente aquello que vende, incluso a costa de la dignidad de otras personas como en el caso de "Fifi" (este blog quiere ser parte de ello, un intento por aportar). No se trata solo de material religioso, sino de publicaciones que dignifiquen y eleven al hombre, que lo ayuden a ser mejor. Como dice Cristobal Fones sj en su último disco, aquello que ayuda a “hacer sentir al otro más humano”.

No me refiero tan solo cuentas como @Pontifex o los consejos de cuaresma del papa Francisco (que según escuché se viralizaron en WhatsApp). Dios se hace presente y se comunica, nos habla de muchas maneras: en los mensajes que traen sana alegría a nuestra vida cotidiana, en las tonteras que nos hacen reír, en los mensajes de cariño de nuestros seres queridos, en las buenas noticias y también en los mensajes que piden justicia en casos como Dávalos, Penta o SQM.

Dios siempre llama, solo hay que ponerle atención. 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Verdad y División


A decir verdad, tenía pensado escribir algo acerca de la primavera que llega y que no llega. Sin embargo los últimos acontecimientos no me dejan indiferente. Los medios una vez más tergiversan los hechos y la noticia sobre Ezzati y la supuesta denuncia de los tres sacerdotes es manipulada. Las reacciones fueron diversas. Tardó un poco, pero la verdad salió a la luz y el arzobispado negó haber hecho tal denuncia.

Aun así, con o sin motivos, vino la tormenta. Pese a haber sido iniciada por una información falsa provoco daños significativos. Tristemente, los heridos no son solo los tres sacerdotes en cuestión o el arzobispo de Santiago, sino que la Iglesia, y por qué no, también la sociedad.

Pareciera ser que lo más fácil es tomar una postura como lo hizo Benito Baranda. Junto con ello surgen las más diversas opiniones y calificativos. En el ambiente se escucharon frases como “por fin Ezzati” o “yo soy de Berrios”. Sin embargo, estas posturas solo crean división, discordia. No se trata de olvidar la verdad, sino que buscarla con medios y formas adecuadas, con respeto y caridad.
Esto no es solo una problemática eclesial, refleja cómo hoy en día se buscan soluciones. No siempre hay una búsqueda sincera y desinteresada de la verdad, sino que se pretende imponer cuál es el mejor camino, al extremo que lo importante deja de ser el objeto buscado y lo principal pasa a ser quien lo dice.

Lamentablemente, es fácil olvidar que son estas divisiones las que traen grandes tragedias al mundo. La división hace mal, tanto así que muchas veces ésta persiste sin recordar cuál es su causa. Y de rupturas la historia tiene todo tipo de casos. Pasa en las mejores familias así como ha ocurrido en nuestro país y en el mundo entero.

Afortunadamente, la Iglesia no sabe solo de desaciertos y errores. Francisco dijo al iniciar el sínodo de la familia “que nadie diga: 'Esto no se puede decir; pensarán de mí así o así...'”. Se trata de buscar la verdad juntos. En este caso cómo vivir mejor una verdad que ya poseemos, el mensaje de Cristo. El intercambio cuando es con apertura es conveniente, pero cuando se comienza a descalificar y polarizar se vuelve estéril.

Me parece que la verdad no se impone ni se crea, sino que se busca, y cada tanto hace falta actualizarla, no acomodarla. No es que la verdad cambia, el hombre es el que cambia, por eso la verdad es siempre nueva. Y para esto el diálogo es fundamental. Esto no es nuevo, ya lo dijo Sócrates antes de Cristo, pero se nos olvida con facilidad.

No siempre es sencillo, pero donde hay diálogo y una búsqueda sincera de la verdad está Dios presente y queriendo hablarnos. Cuesta escucharlo, por eso cuando nos ponemos sordos la verdad quiere brillar y es posible enmendar el rumbo, como lo hizo el padre Mariano Puga.